En los 12 años transcurridos desde su tercer largometraje, ‘Fireworks Wednesday’ (2006), a medida que su prestigio iba aumentando exponencialmente, al iraní Asghar Farhadi se le ha achacado cada vez más su dependencia de una plantilla dramática más bien rígida: se establecen una serie de relaciones en el seno de un grupo humano; un incidente que no vemos sume esas relaciones en el misterio y el caos; la verdad del asunto emerge lentamente para revelar todas las ambigüedades morales que las circunstancias permiten. Así pueden resumirse tanto ‘A propósito de Elly’ (2009) como ‘Nader y Simin, una separación’ (2011) y ‘El pasado’ (2013) y ‘El viajante’ (2015); y lo mismo puede decirse de ‘Todos lo saben’, la película que ha rodado con algunos de los actores más famosos de España —Javier Bardem, Penélope Cruz, Eduard Fernández, Bárbara Lennie— y el más célebre de Argentina, Ricardo Darín. En esta ocasión, una mujer llega con sus hijos a un pueblo vinícola español para una boda; su hija desaparece misteriosamente durante la celebración; secretos y mentiras ​​enterrados desde hace tiempo salen a la luz.

Durante aproximadamente la primera media hora de metraje, eso sí, el iraní en realidad parece estar intentando algo más estructuralmente atrevido que lo acostumbrado en su cine previo. Hace que la película revolotee a través de una gran cantidad de personajes y lugares, dibujando así una compleja red de conexiones entre familiares, amigos y otros habitantes del pueblo. La rápida sucesión de escenas cortas no nos permite trazar claramente ni a los personajes ni las relaciones entre ellos. Pero sí se nos transmite una sensación de que todos los habitantes del lugar se conocen íntimamente y de que, a juzgar por la mezcla de clases sociales y vagas insinuaciones de malestar entre algunos de los personajes, la aparente jovialidad oculta algo que huele mal.

A partir de entonces, Farhadi se dedica a contemplar la escalada del sentimiento de paranoia y la ruptura de lazos afectivos que la búsqueda de Irene acarreará. Y en el proceso la película renuncia frecuentemente a la lógica narrativa en pos de hacer avanzar la historia y de mantener secretos sus secretos. Pese a ello, la gran revelación se ve venir desde muy lejos, y eso resta al relato toda su tensión dramática y su potencial para convertir la historia familiar en un ‘thriller’. Asimismo, la trama del secuestro en el presente, con sus sospechosos y sus pistas falsas, y los misterios del pasado tampoco están lo suficientemente conectados, por lo que la narración en todo momento oscila de una trama a otra sin convicción. Ninguno de estos problemas es achacable a los actores. Bardem, Cruz y Darín hacen lo que buenamente pueden con un guion que obliga a sus personajes a renunciar al sentido común para comportarse exclusivamente de acuerdo a lo que la trama necesite para avanzar.

A estas alturas, ya ha quedado claro que Farhadi no tiene medida a la hora de llenar sus historias de complicaciones argumentales, pero en todo caso aquí el director y guionista realmente se ha superado a sí mismo. La narración da incesantes vueltas ridículas para crear intriga acerca de quién secuestró a Irene mientras simultáneamente desempolva viejas rencillas entre los personajes, y todo eso está al servicio de la citada sorpresa que en realidad no sorprende en absoluto.

Cartel de 'Todos lo saben'.
Cartel de ‘Todos lo saben’.

Describir la nueva sucesión de complicaciones dramáticas que se ponen en marcha a partir de entonces sería hacer ‘spoiler’; baste decir que, cuando por fin se descubre la identidad del secuestrador, parece tener tan poca importancia como el comentario socioeconómico que la película finge llevar a cabo.

En realidad, todo para lo que acaba sirviendo la multitud de personajes menores y tramas laterales que Farhadi pasa buena parte del metraje desarrollando es para acercar lo que en esencia es un melodrama a tres bandas a territorios telenovelescos. Y el resultado podría haber resultado entretenido y hasta intrépido en caso de que Farhadi no se hubiera tomado la peripecia argumental tan en serio. A estas alturas, por otra parte, esperar de él cierta ironía quizá sería pedir demasiado.