Sergio Scariolo, en el Palacio Aguas Vivas de Guadalajara. JAVI MARTINEZ

El técnico más exitoso en la historia de la selección española de baloncesto seguirá en el cargo, a pesar de poner rumbo a la NBA

Con 57 años y más de 25 en los banquillos, Sergio Scariolo de repente irradia algo así como una ilusión de primerizo. Hay motivo. Tras tiempos de incertidumbre, logró su doble objetivo. Y no fue sencillo. El martes, tras el segundo partido de esta segunda fase de las Ventanas de clasificación para el Mundial 2019, volará a Toronto -sin familia, al menos este año-, donde le aguarda un cargo anhelado: experimentará como asistente de Nick Nurse «lo máximo en mi deporte». Un salto casi vital -no entrena a un club desde 2014, al Baskonia-, que podrá compatibilizar con el de seleccionador de España, con la que ha conquistado seis medallas en siete torneos y a la que tiene a un paso del Mundial.

Nadie en la NBA, ni jugador ni técnico, se ha ausentado en plena temporada para acudir a las Ventanas FIBA. Usted lo hará, por contrato. ¿El precedente Scariolo?
Así es. Y más, porque yo no soy uno que simplemente está detrás del banquillo. Estaré en primera línea en los Raptors, con una responsabilidad importante.
¿Cómo fue la negociación?
La idea inicial era buscar una reestructuración del cuerpo técnico de la selección, para que yo me quedara en EEUU. Eso fue complicado de conseguir, y pedimos un esfuerzo más a Toronto. Y accedió. No fue fácil. Aunque siempre hubo, por parte de la FEB, voluntad de que yo siguiera; por la mía, la ilusión y la voluntad de poder seguir, y por parte de Toronto la de tener en su banquillo al seleccionador español. Pero también había que resolver una situación económica, no sólo de calendario.
«Podría ser mi último partido», pronunció en Málaga. ¿Se vio fuera de la selección en algún momento?
Nunca. Un entrenador sabe siempre que una página se puede cerrar, incluso a mitad del libro. En ese momento no estaba seguro. Pensé ‘si no se resuelve, podría haber sido el último partido’. Si no hubiese habido voluntad de las partes… Hubiera sido en Málaga, con una victoria, en el partido 100… Una situación redonda. Pero el deseo siempre fue el de disputar el Mundial y ojalá los Juegos.
Cuando los Raptors le anunciaron oficialmente hubo cierto nerviosismo. Incluso en la Federación.
Mi contrato con la FEB permitía no sólo la negociación, también la firma con un equipo que permitiera la compatibilidad. En el momento en que aseguraba mi presencia física en las Ventanas y el permiso de Toronto para viajar, ahí ya no hubo dudas.
Va a formar parte de una franquicia con aspiraciones hasta de jugar las Finales de la NBA.
Ojalá, eso son palabras mayores. Es cierto que esa era una de las razones. Por cómo estoy acostumbrado, ir a un equipo que pierde 60 partidos al año… Uf. Estoy en un equipo con ambición y potencial, pero vamos a ir paso a paso. Hay que integrar a un grandísimo jugador como Kawhi Leonard, que viene de un año de inactividad. Y hay rivales muy fuertes, no sólo en el Oeste.
Kokoskov será el primer europeo en ser entrenador jefe en la NBA (Phoenix). Ahora Scariolo se une a la terna por ser el primero formado en Europa en lograrlo. ¿Le motiva?
Ahí Ettore [Messina] está delante. Sinceramente, no es la primera motivación. La motivación es ir, estar en el mejor baloncesto, ver qué es lo máximo en mi deporte. Sentirme, probarme, aprender. Si en algún momento surge la oportunidad de ser primero, la estudiaremos. Tampoco descarto volver a Europa.
Irse a EEUU con el pase al Mundial casi resuelto sería lo ideal.
No va a ser fácil. El de Kiev seguramente sea el partido más duro que hemos afrontado hasta ahora. Vamos a ver qué podemos hacer contra gente tan grande, con tanta fuerza y calidad. Con un base muy, muy bueno [Pooh Jeter] y tiradores como Mykhailiuk (Lakers).
¿Ha sido la lista más difícil de elaborar de su carrera?
La tarea más complicada es la de la FEB. Son ellos los que tienen que proponerme un listado en función de todo lo que está detrás. Y ahí tengo que tomar decisiones.
No todos los entrenadores aceptarían con tantos condicionantes. ¿Obliga la situación excepcional de estas Ventanas?
El nuestro nunca fue un listado de los mejores jugadores, siempre tuvimos un ojo muy atento a que se complementaran bien. Posiblemente, también antes hemos dejado fuera a jugadores con más talento en pos de buscar una cohesión superior.
¿El 6-0 evita un lío?
La sensación de alarma se me apagó en cuanto completamos la primera concentración en Benahavís. A partir de ahí, he tenido más sentimiento de ilusión, diversión, curiosidad y expectativa positiva. ¿Si no fuéramos 6-0? El desafío entonces sería complicado, pero también interesante. Al final, al deportista le gustan los obstáculos más altos.
¿Le da tiempo a ir pensando ya en el Mundial del próximo verano?
Es curioso. Mi cerebro se divide en tres equipos, aunque con tiempo de urgencia diferente. El de las Ventanas, el de Toronto y el del Mundial. Siempre encuentro una idea que guardo… A nivel técnico y táctico, algunas coinciden. Para la selección del Mundial tengo que hacer algún ajuste de estructura, porque la evolución del juego y de los jugadores lo exige.
¿El conflicto FIBA-Euroliga es imposible de resolver?
Falta una entidad neutral, con credibilidad y autoridad para promover un debate. Y falta la voluntad real, no teórica, de las partes. Pero no soy nada optimista. No veo ninguna posibilidad de evolución positiva. Es una lucha de poder.
¿No tiene la sensación que quién más pierde es el propio baloncesto?
Habría que estar preocupados y ocupados para intentar producir jugadores. Dentro de lo malo de la situación, se han creado señales de alarma en este sentido: necesitamos mejorar las competiciones y crear jugadores.