¿Bajar impuestos atrae contribuyentes? La respuesta es simple: no. Al menos, eso es lo que ha sucedido en los últimos años en España, donde desde los noventa las comunidades autónomas tienen cierto margen para elevar o reducir impuestos de acuerdo a su propia política fiscal. Las casos más singulares han sido los de Madrid y Cataluña, que han recorrido caminos distintos. Mientras que Madrid los ha bajado, Cataluña los ha incrementado. Sin embargo, pese a ello, el trasvase de contribuyentes de una región a otra ha sido marginal. O irrelevante, como se prefiera.

El estudio lo ha publicado CESifo, uno de los centros de investigación económica más influyentes de Europa, y supone un revés a la idea que defiende que tipos impositivos más bajos en el impuesto sobre la renta atraen contribuyentes. Los autores son David R. Agrawal, de la Universidad de Kentucky, y Dirk Foremny, de la Universidad de Barcelona, ambos miembros de CESifo.

Lo que sostienen los autores del estudio, que han elegido España porque se trata de uno de los países fiscalmente más descentralizados de Europa, es que las comunidades autónomas que bajan el IRPF por motivos ideológicos para recaudar más —intentando atraer contribuyentes de otras regiones—, en realidad logran menos ingresos. Al menos en el corto plazo.

Su tesis es que la recaudación adicional que se logra con esa política es inferior a lo que se produciría aplicando los tipos impositivos existentes a la población que permanece en su residencia fiscal habitual. Es decir, que no compensa bajar impuestos. Ni se recauda más ni aumentan las bases imponibles.

Se pone como ejemplo lo sucedido en Madrid y Cataluña, porque se trata de las regiones con el tipo marginal de IRPF, respectivamente, más bajo y más elevado. Si bien, como dice el estudio, “solo una fracción muy pequeña de contribuyentes” se ve afectada por esa política fiscal.

El estudio, de hecho, se ha realizado sobre el 1% de los contribuyentes con mayores ingresos, que, al menos en teoría, tendrían más incentivos para deslocalizar su tributación personal. Para ello, se han utilizado tanto los registros de la Seguridad Social (muestra de vidas laborales) como de la propia Administración tributaria.

Utilizando esta información, los autores del estudio muestran que cuando Madrid recorta los impuestos por una cifra equivalente a 0,4 puntos porcentuales para los contribuyentes que más ganan, por encima de los 90.000 euros brutos anuales, la probabilidad de mudarse a la región madrileña aumenta en 1,1 puntos porcentuales. Según sus estimaciones, existen 75.000 contribuyentes que se sitúan en el 1% con mayores ingresos, con unas rentas medias de 171.000 euros.

Migración de contribuyentes

El estudio calcula que ese recorte de impuestos tendría un coste en términos de recaudación equivalente a unos 61 millones de euros. Por el contrario, y gracias a la migración de contribuyentes, aumentarían los ingresos en 12 millones de euros en el IRPF, lo que supone apenas el 0,14% de los ingresos fiscales, como estima el estudio.

La conclusión que se saca es que, teniendo en cuenta todos los factores (la elasticidad de los impuestos o la movilidad de declarantes), el efecto neto de sumar todos los rendimientos por una bajada de impuestos a las rentas más elevadas ofrece una pérdida neta de recaudación de aproximadamente el 0,5% del total ingresos en el impuesto sobre la renta para el conjunto de la Comunidad de Madrid.

El estudio calcula que ese recorte de impuestos tendría un coste en términos de recaudación equivalente a unos 61 millones de euros

El caso de Cataluña, que ha aumentado los tipos marginales máximos, es muy distinto. Según el estudio, unos 60.000 contribuyentes se sitúan en el 1% más elevado del IRPF, con unos ingresos medios equivalentes a 152.000 euros al año (algo menos que en Madrid). La migración de contribuyentes a Madrid dejaría un saldo positivo —combinación entre la menor recaudación por la salida de declarantes y mayores ingresos por tipos impositivos más elevados— equivalente al 0,33% de la recaudación, unos 24,7 millones de euros.

Más eficaces, por el contrario, han sido las políticas encaminadas a reducir los tipos marginales que se aplican a las rentas más bajas, toda vez que han ayudado a reducir la desigualdad. Esto ha sido particularmente importante en el caso de Extremadura y Andalucía. Según Agrawal y Foremny, y en comparación con el efecto que tienen los impuestos del Gobierno central sobre el llamado coeficiente de Gini de desigualdad, “Madrid, que bajó sus tasas impositivas, tiene un sistema tributario regional que reduce la desigualdad menos que Cataluña, que elevó sus tipos impositivos”.

El informe de CESifo forma parte de un trabajo más amplio que cada año publica la institución alemana sobre la tributación de la riqueza en el mundo. En particular, en los países más avanzados. Y entre sus conclusiones, destaca la idea de que la riqueza privada neta ha experimentado un incremento generalizado en las últimas décadas, pasando en 1970 del 200-350% del ingreso nacional en la mayoría de los países ricos al 400-700% en la actualidad. Esta tendencia se vio en buena medida afectada por la crisis financiera de 2008 o por “las burbujas de precios de ciertos activos experimentadas en países como Japón o España”.

El incremento en la desigualdad de riqueza, sostiene el documento, ha sido, no obstante, muy significativo en EEUU, con un aumento en la participación del 1% más rico del 22% a 39% entre 1980 y 2014, lo que en buena medida se explica por el incremento en la participación del 0,1% más rico. El aumento en la concentración ha sido menor en Francia y Reino Unido, debido por un lado al efecto moderador que ha tenido la evolución de la riqueza inmobiliaria, mayoritariamente en manos de la clase media, y por otro, al menor nivel de desigualdad de ingresos en comparación con EEUU.