Saltarse de vez en cuando la dieta celiaca sin molestias dejará pronto de ser un sueño.

Hay alternativas en marcha para que los celíacos no estén pendientes de cada bocado.

Como muchos otros celiacos, Alejandra Iglesias sueña a menudo con una pastilla que le permita comer de todo. Con algo que le devuelva los «macarrones de verdad», la libertad a la hora de elegir un restaurante o la improvisación en la mesa que tanto echa de menos.

Porque la dieta sin gluten que sigue desde hace poco más de un año a veces se le hace cuesta arriba. Y le genera angustia e inseguridad, sobre todo fuera de casa.

«Te limita. Es difícil salir a comer porque no siempre sabes si lo que vas a tomar estará bien. Generalmente las opciones que tienes son muy pocas, si es que las hay, y sabes que si metes la pata vas a tener consecuencias», asegura esta asturiana, a la que diagnosticaron la enfermedad celiaca con 33 años, después de muchos meses de malestar.

Eliminar el gluten por completo de la alimentación es, por el momento, el único tratamiento efectivo para esta enfermedad autoinmune que afecta a un 1% de la población. Sin embargo, esta realidad podría cambiar en un futuro no muy lejano.

Ya están en marcha varias alternativas que podrían permitir a los celiacos mejorar su calidad de vida sin tener que estar pendientes de cada bocado que toman. Distintas píldoras, tratamientos y vacunas prometen -aún desde el laboratorio- cambiar el día a día de muchas personas.

La que más se parece a la pastilla que anhela Alejandra es la llamada terapia enzimática, una estrategia que se basa en la administración de diferentes enzimas que trituran el gluten, lo que impide que se activen las defensas que, en los celiacos, identifican como una amenaza a las proteínas presentes en cereales como el trigo, el centeno o la cebada -y, por tanto, en gran parte de los productos procesados-.

«Ninguna persona puede digerir por completo el gluten», explica Eduardo Arranz, profesor titular de Inmunología en la Universidad de Valladolid, y uno de los investigadores españoles que más a fondo conoce la enfermedad celiaca.

En la mayoría de las personas, continúa el especialista, esto no genera ningún problema, pero en el caso de los celiacos, estos fragmentos -gliadinas- «provocan una reacción del sistema inmunológico inadecuada» que, en definitiva, daña su mucosa intestinal y desencadena múltiples complicaciones.

Varias compañías han desarrollado pastillas que contienen enzimas procedentes de bacterias, hongos o vegetales capaces de degradar por completo el gluten. Sobre el papel, la estrategia es muy buena, porque permite bloquear la respuesta inmunitaria y, por tanto, frena el desencadenamiento de los síntomas de la enfermedad. Pero la línea de investigación lleva más de una década en marcha y aún tiene mucho por demostrar.

Uno de los principales problemas, comenta Arranz, es que la mayoría de los laboratorios están desarrollando estas píldoras como complementos alimenticios y no medicamentos, «por lo que no se ha evaluado ni su eficacia ni las dosis más adecuadas en cada caso mediante ensayos clínicos, que es lo que verdaderamente hace falta en el caso de un trastorno como la enfermedad celiaca», explica.

En este sentido, la farmacéutica Takeda ha puesto en marcha, junto a PvPBiologics, una investigación para evaluar la utilidad de una terapia enzimática denominada KumaMax, desarrollada mediante bioingeniería.

También se tomaría en forma de pastilla una alternativa desarrollada por la compañía Innovate Biopharmaceuticals que ha arrojado resultados prometedores. Se trata de un compuesto cuyo objetivo es controlar la permeabilidad intestinal. Con esta estrategia, se evitaría que las gliadinas entrasen en contacto con las células del sistema inmune y, por tanto, que se pusiera en marcha la respuesta inflamatoria no deseada. Los investigadores esperan iniciar pronto los ensayos en fase III.

De cualquier forma, Arranz subraya que estas opciones en ningún caso se contemplan como candidatas a sustituir a la dieta sin gluten. «Podrían servir como complementos, para evitar riesgos al comer fuera de casa, cuando uno no tiene la seguridad absoluta de que lo que toma no tiene gluten. Mejorarían la calidad de vida del celiaco, pero no servirían para que abandonara la dieta», señala. De hecho, estas alternativas se parecen más a una especie de píldora del día después que a una pastilla que permita olvidarse por completo del gluten.

De todas las líneas de investigación existentes, quizás la más prometedora es una vacuna que pretende estimular la tolerancia del sistema inmunitario de los pacientes celiacos. La idea, que se parece mucho a la terapia a la que se someten muchas personas con alergia para prevenir síntomas como los estornudos o la tos, es conseguir que las defensas de los celiacos dejen de percibir a las proteínas tóxicas del gluten como un enemigo al que hay que combatir y aprendan a vivir con ellas.

Nexvax2 (desarrollada por la compañía ImmusanT) pretende reeducar al sistema inmunitario de los celiacos. De momento, su utilidad se va a probar en ensayos clínicos en fase II y, si todo va bien, podría ser apropiada para individuos con la variante genética HLA-DQ2, que se calcula que está presente en aproximadamente el 90% de los celiacos. No obstante, esta línea de investigación también tiene escollos por salvar, como los efectos secundarios gastrointestinales que se han observado en los primeros ensayos.

En el ámbito de la investigación sobre enfermedad celiaca también se está probando una terapia que utiliza los anticuerpos presentes en la yema de los huevos para neutralizar el gluten o incluso se está estudiando la acción de parásitos intestinales, pero mientras todos estos trabajos dan resultado, muchos investigadores creen que a día de hoy lo más útil es seguir avanzando en cómo mejorar el diagnóstico y el conocimiento sobre el origen de la enfermedad, que sigue en el limbo.

La ciencia ha destapado cuáles son los genes que predisponen a la enfermedad y cómo es su comportamiento una vez que debuta, pero sigue sin estar clara cuál es la mecha que enciende el trastorno.

María Luisa Mearin, especialista en Gastroenterología Pediátrica en la Universidad de Leiden (Holanda), lidera un proyecto europeo que pretende encontrar medidas de prevención frente al desarrollo de la enfermedad. El trabajo descartó hace cuatro años que dos de las hipótesis que más fuerza tenían en este sentido -la edad de la introducción del gluten y de la lactancia materna- cumplan realmente un papel protector, por lo que siguen rastreando posibles factores de riesgo en una muestra de casi 1.000 individuos. La exposición a infecciones o las diferencias en la composición de la microbiota intestinal son dos de las áreas que se están estudiando en este ámbito.

Por otro lado, también queda mucho por saber sobre por qué algunas personas que en puridad no son celíacas, sí padecen lo que se conoce como sensibilidad al trigo, un trastorno que se está diagnosticando cada vez con más frecuencia.

«Conocer mejor la enfermedad celiaca no sólo redunda en beneficios para los celiacos, sino también para otros muchos enfermos, porque este trastorno puede enseñarnos mucho sobre patologías con las que comparte mucho, como la diabetes», subraya Mearin.

Sin gluten, pero rico

Otra línea en la que se está trabajando mucho es el desarrollo de productos sin gluten con un sabor y una textura más agradables, algo que las personas con intolerancia al gluten llevan tiempo reivindicando. En ese sentido, un equipo español del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha conseguido todo un hito: desarrollar un pan de trigo que es apto para celiacos.

Se trata de una variedad de trigo que, manipulada genéticamente, no contiene los péptidos tóxicos que afectan a los celiacos. «Lo que nosotros conseguimos hacer fue eliminar los ARN que actúan de mensajeros entre el ADN y las proteínas, antes de que éstas se formen. Como resultado, las gliadinas no llegan a sintetizarse en el trigo y, por tanto, no causan daños a los celiacos cuando estos lo ingieren», explica Francisco Barro, investigador del Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba, y líder de la investigación, quien lamenta que «una investigación realizada en España con fondos públicos vaya a dar resultados económicos en otro lugar» ya que la prohibición del cultivo de variedades transgénicas en nuestro país impide su desarrollo local.

«El trigo es apto para celiacos y tanto su aporte nutricional como sus características de elasticidad y resistencia son comparables a las del trigo convencional», comenta Barro. Pero, cuando esté listo el producto, «probablemente tendremos que comprar la harina importada» desde EEUU, donde una empresa estudia su implementación.

En las consultas, los pacientes preguntan a menudo por ésta y otras posibles ayudas, reconoce Fernando Fernández- Bañares, especialista del servicio de Aparato Digestivo del Hospital Mútua Terrassa (Barcelona) y presidente de la Sociedad Española de Enfermedad Celiaca, quien sabe bien que la dieta sin gluten es tan efectiva como difícil de cumplir a rajatabla.

«Pero, aunque la investigación avanza, en el mejor de los casos las opciones posibles todavía pueden tardar años en llegar. Y cuando así sea, en el caso de medicamentos habrá que plantearse los pros y los contras. Porque todo tratamiento farmacológico tiene efectos secundarios, algo que no sucede con la dieta sin gluten», reflexiona.

Alejandra Iglesias no lo duda. En su cabeza aún está grabada a fuego la textura esponjosa y agradable del pan o el sabor de una cerveza bien fría. «Pagaría por poder volver a tomarme un bocadillo y una caña, aunque sólo fuera muy de vez en cuando».