Del Potro, en plancha, tras una bola de Nadal en la red. GLYN KIRKAFP

Formidable triunfo tras casi cinco horas ante un rival digno de admiración

En un duelo pasional, a la medida del inmenso corazón de los dos competidores, Rafael Nadal terminó con la resistencia de Juan Martín del Potro en cuatro horas y 47 minutos para obtener el billete de las semifinales de Wimbledon, donde el viernes aguarda Novak Djokovic. Tras presentarse en cuartos con su mejor balance en la historia del torneo, tan sólo 36 juegos perdidos y sin ceder un set, el bicampeón se encontró con el primer rival de entidad y precisó de un plus de valentía y entereza para sacar adelante un partido que por momentos se le puso muy difícil. Sólo con ese ejercicio de genuino ‘nadalismo’ logró torcer la voluntad de un adversario digno también de enorme reconocimiento. La caída de Federer frustró la final soñada por muchos, aunque los cuartos dejaron una confrontación intensa, sumamente atractiva, de las que tampoco se olvidan fácilmente. Uno de esos partidos que ya integran la historia del torneo. [Narración y estadísticas (7-5, 6-7 [9], 6-4, 4-6 y 6-4)]

Instantes después de que Wimbledon viera partir al ocho veces campeón, eliminado por Kevin Anderson en la pista 1 tras contar con dos sets de ventaja y una pelota de partido, Nadal cedió por primera vez su servicio ante Del Potro en la Central y dejó al argentino con 5-4 arriba en el segundo parcial, en disposición de igualar el encuentro. Pero Delpo, que mantenía una pugna pareja, desaprovechó la oportunidad, penalizado, entre otras cosas, por una doble falta. El traspiés no tuvo la gravedad que podría suponerse, en buena parte por el desacierto con el que se mostró el español en el desempate. El zurdo contó con cuatro pelotas para tomar una ventaja sustancial en el partido, tres de ellas desde la atalaya de un 6-3.

Delpo salvó las dos primeras con su servicio y vio cómo su rival cometía una doble falta que dejaba el tie breaken 6-6. Cuarta opción de Nadal, 7-6, y el argentino que no sólo escapa, sino que merced a dos nuevos saques se sitúa con punto de set de su lado, convertido al resto gracias a un magnífico golpe de derecha. Un set iguales. Vuelta a empezar.

Perder con 33 ‘aces’

Transcurrido poco más de un mes de su enfrentamiento en las semifinales de Roland Garros, ambos jugadores volvieron a vérselas, ahora en cuartos del Grand Slam de la hierba. La superficie igualaba las cosas en favor de Del Potro, que poco puede oponer sobre la arcilla a un zurdo como Nadal. En hierba pesan más su magnífico servicio y su derecha plana y a su adversario le resulta más difícil puntear sobre un revés debilitado por la dramática cadena de percances físicos. Fue, así, una confrontación mucho más abierta, con 33 saques directos del argentino, que la que pudimos contemplar en París.

Cuando lograba acertar con el servicio, Del Potro gobernaba el punto con su derecha de plomo, un impacto seco, brutal, que apenas se levanta del pasto. A Nadal no le quedaba otra que intentar defenderse corriendo de un lado a otro de la cancha. Si era él quien dictaba las condiciones, solía hacerlo con un saque cortado, abierto, siempre con la idea de percutir desde el inicio sobre el revés de su rival. Sólo un descuido con su saque en el tercer parcial le costó a Nadal el tercer set, en el décimo juego, rubricado con una derecha del argentino prendida a la línea. El asunto se ponía delicado para el número 1, bicampeón del torneo, once veces ganador de Roland Garros y un año más gran dominador de la temporada de arcilla.

Pero Del Potro sabía de las dificultades que aún iba a entrañar el asunto. Decrecía su porcentaje de acierto con el servicio a la par que mostraba síntomas de fatiga. Vivo, dinámico, como ajeno al peso del marcador, Nadal quebró en el quinto juego del cuarto set, que vio al argentino doblar por dos veces la rodilla. A sus 29 años, el jugador de Tandil, ganador esta temporada en Indian Wells y Acapulco, es un deportista digno de auténtica admiración. Después de cuatro operaciones de muñeca, cuando en más de una ocasión su carrera se había dado por amortizada, sigue compitiendo al más alto nivel. La movilidad nunca ha sido su fuerte, y menos aún con el paso del tiempo.

Extremar los riesgos

Lo cierto es que la experiencia también le ha enseñado a tomarse sus treguas en los partidos, a administrar energías, como hubo de hacerlo en ese cuarto set que se llevó Nadal. El hecho de haber tenido que completar el martes su partido de octavos ante Gilles Simon tampoco ayudó al argentino, privado de descanso.

En un quinto set donde su única salida parecía extremar los riesgos a partir de la precisión con el saque, aún tuvo tiempo para cazar en plancha una volea de derecha, al más puro estilo Boris Becker y mantener la batalla hasta el último instante. Era Nadal quien ofrecía mejores síntomas y fue él quien logró romper en el quinto juego del set definitivo. Tenaz hasta la extenuación, nunca acabó de rendirse Del Potro, que creó dos nuevas opciones de ruptura en el sexto juego y otras cuatro en el octavo.

Entre resbalones de uno y otro, y hasta una aparición del español en la grada, cuando intentaba devolver una bola imposible, se consumió una tarde-noche de altísimo voltaje tenístico. Mientras buena parte de Inglaterra suspiraba por el triunfo de los pross ante Croacia, millares de aficionados se deleitaban en la Central de Wimbledon con uno de esos partidos que ya viven para siempre.