Manoli Morales y su marido, Badr Hraichete, en una fotografía familiar. EL MUNDO

A Manoli Morales la recuerdan muchos de sus vecinos de Pilas. La recuerdan de niña, jugando en las plazas del pueblo. La recuerdan de adolescente cuando salía con su pandilla. Y la recuerdan cuando, tras emigrar a Francia, regresaba los veranos en compañía del joven francés, de origen marroquí, con el que se casó en 2004 y con el que tuvo a Joseph hace dos años. Este miércoles, su recuerdo fue unánime después de que el martes, a primera hora de la mañana, apareciese su cuerpo sin vida, junto al de su hijo, su padre y la pareja de éste en el piso al que se habían mudado recientemente en la localidad francesa de Pau.

En Pilas, una pequeña localidad a 40 minutos en coche de Sevilla, no hay más tema de conversación en estos días que la trágica muerte de Manoli, con sólo 36 años, y de su pequeño a manos, supuestamente, de su pareja. En la plaza de Belén, en el corazón del pueblo, no se habla de otra cosa que del destino fatal de esta joven, licenciada en Filología Francesa y profesora de español, a la que sus vecinos han dedicado un sentido homenaje al tiempo que expresaban su condena ante un nuevo crimen machista.

A sólo unas manzanas de allí, en una humilde casa, con la puerta entreabierta, la familia de Manoli aún trataba de digerir la peor de las noticias posibles entre la incredulidad y la sorpresa. Porque nadie en su familia, señaló un portavoz a este periódico, tenía ni idea no ya de que hubiese problemas en el matrimonio de Manoli, sino de que su marido, aquel joven de nombre impronunciable con el que venía de vez en cuando, la estuviese maltratando.

Porque eso era lo que estaba pasando a mil kilómetros de Pilas. En el número 10 de la calle Richelieu de Pau, los vecinos de Manoli y de Badr Hraichete (ése era el nombre de su marido) cuentan a la prensa local que las peleas en el piso que ocupaba la pareja eran continuas, sobre todo en los últimos tiempos. La última, apenas unas horas antes del crimen, cuando los inquilinos del bloque escucharon gritos y el llanto del pequeño Joseph. Eso sucedió a las 5.15 horas del martes, dos horas antes de que se descubriesen los cuerpos de Manoli, de su hijo, y de su padre, José Morales, y la pareja de éste, Dolores Reina, que se encontraban de visita en Pau.

De momento, la hipótesis con la que trabaja la Policía francesa es que Badr acabó con la vida de su mujer, de su suegro y de la pareja de éste, además de con la de su propio hijo y, luego, se suicidó.

Al pequeño Joseph se lo encontraron los bomberos de Pau en su cama y sin signos de violencia, por lo que se cree que pudo morir a causa de la inhalación de humo por el incendio que, supuestamente, causó Badr en un sofá. Sí tenían contusiones José y Dolores, en concreto numerosos golpes en el cráneo que, según lo que ha trascendido en la prensa de Pau, habrían sido ocasionados con un objeto contundente. A Manoli, por su parte, la hallaron en el baño, amordazada en la bañera.

Aunque el fuego y el humo hicieron saltar todas las alarmas y obligaron a evacuar el edificio, algunos vecinos ya dieron la alerta tras comprobar que había restos de sangre en la ventana del piso en el que vivía Manoli.

En algunos medios se ha publicado que tenía intención de separarse de su esposo y que por ese motivo llamó a su padre y éste se presentó en Pau. Pero la familia en Pilas no sabía nada este miércoles. Ni su madre, Pepa, ni sus hermanas, ni una prima con la que tenía mucho contacto.

Ellos, como el resto de paisanos, todavía tratan de comprender por qué y cómo el sueño francés de Manoli devino en una pesadilla de funestas consecuencias.