A finales de 2014, Julio recibió el corazón de un donante que tenía hepatitis C. ALBERTO DI LOLLI

En 2014, Julio fue el primer español ‘sano’ que recibió un trasplante de un órgano con hepatitis

Desde entonces se han realizado otros siete: otro de hígado y seis de riñón

Este otoño, se creará un protocolo nacional que generalizará esta práctica pionera

Revelamos en exclusiva los detalles de un plan que salvará decenas de vida al año

Postrado en la cama de un hospital y enganchado a una máquina de bombeo, Julio esperaba con infinita incertidumbre un nuevo hígado. No viviría más de dos meses y medio si no aparecía un órgano con las características adecuadas para un hombre como él: de 53 años, 1,82 metros y bastante corpulento.

A los 17 días de ser ingresado, el personal sanitario del hospital donde se encontraba (Virgen de la Arrixaca, en Murcia) se enfrentó a una situación sin precedentes en nuestro país. Un hombre de mediana edad y con una complexión similar a la de Julio había fallecido. El donante en cuestión era perfecto, salvo por un detalle: sufría hepatitis C. Las dudas apabullaban al equipo médico: el paciente se moría, pero el órgano disponible estaba infectado.

Hasta hace tan sólo cinco años, Julio habría estado condenado. Era impensable desde cualquier punto de vista salvarle con el corazón de una persona con hepatitis C. Sin embargo, la llegada de fármacos capaces de eliminar la infección en menos de tres meses obró el milagro. Que, el 1 de noviembre de 2014, este paciente recibiera la mejor de las noticias: por fin había un corazón para él. Era un regalo que no podía desaprovechar.

«Dónde hay que firmar», dijo, completamente consciente de que a su órgano salvavidas le acompañaba la infección de una enfermedad letal. Y así se convirtió en el primer receptor de los ocho trasplantes que se han hecho desde entonces en España procedentes de donantes con hepatitis C.

Para llegar a ese punto, el responsable de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la Arrixaca tuvo que llamar al jefe de hepatología, José Antonio Pons. Aquel día libraba, pero su opinión fue determinante para dar el siguiente paso: «El donante era idóneo para el enfermo. Había que tomar una decisión, por urgencia vital. En aquel momento, desconocía si había literatura científica al respecto. Sólo pensé que si había fármacos que curaban en el 98% de los casos, no tendría por qué haber ningún problema».

Julio recuerda aquellos días en los que su vida oscilaba entre el tic y el tac del reloj: «Me dijeron que existía un tratamiento con el que desaparecería la infección. Y sí, tras el trasplante, incluso antes de lo que me habían dicho, las analíticas ya daban negativo. Aquel corazón me rescató de la muerte».

La operación fue todo un éxito, al igual que los siguientes siete trasplantes de cuatro donantes con el virus de la hepatitis C (VHC) que se han hecho en España desde entonces: uno de hígado y seis de riñón. No han sido los únicos en el mundo. Estados Unidos se inició antes en esta nueva estrategia de trasplantes de órganos con hepatitis C a pacientes sin la infección y los resultados están siendo muy satisfactorios. También han realizado intervenciones con pulmones.

Según los datos presentados en la Cumbre de Hepatitis Global de Toronto hace apenas tres semanas, «las personas que esperan un pulmón [en América del Norte] tienen un 20% de posibilidades de morir esperando un órgano», señalaba el cirujano Marcelo Cypel, encargado de presentar los datos ante otros grupos de especialistas a nivel internacional. Con esta innovadora fórmula, añadía, «incrementaría el número en alrededor de 1.000 por año».

En España, tras el éxito de los ocho trasplantes realizados de donantes con hepatitis C a receptores libres de la infección, la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) ya ultima un protocolo nacional con ayuda de las sociedades científicas más significativas. Se presentará en noviembre, aunque la directora, Beatriz Domínguez-Gil, adelanta a Papel algunos datos en exclusiva. Según sus estimaciones, «esta estrategia podría suponer alrededor de unos 30 órganos disponibles».

Treinta salvavidas que sacarán de la lista de espera a personas con fibrosis quística, fibrosis pulmonar, con graves daños cardiacos, cirrosis e insuficiencias renales, entre otras enfermedades. Pensando en todas y cada una de ellas, a lo largo de la historia de los trasplantes en España se han ido superando algunas limitaciones que impedían aprovechar órganos capaces de salvar vidas, pero descartados por falta de evidencia científica.

Así, explica Domínguez-Gil, «ya ofrecemos donaciones a pacientes que fallecen fuera de la UCI, la edad ha dejado de ser un límite -tenemos hígados que han cumplido 100 años en el receptor y cada vez más gente de edad avanzada entra en lista de espera-, se llevan a cabo cada vez más donaciones a corazón parado […] Recientemente se ha logrado trasplantar el primer corazón infantil con grupos sanguíneos incompatibles y ahora superamos el desafío del virus de la hepatitis C».

Se trata de un nuevo cambio de paradigma. Antes, los órganos de donantes con hepatitis C se utilizaban sólo en receptores con anticuerpos VHC. «Nunca se había planteado el uso en enfermos sin VHC por el alto riesgo de transmisión de la infección, para la que no había una terapia eficaz», argumenta la directora de la ONT.

Ahora que sí la hay (los antivirales de acción directa) y que además «no induce al rechazo del órgano donado, es el momento de modificar el planteamiento y permitir su uso en receptores negativos». Así, «podremos dar salida a órganos extraordinariamente buenos». Según señala Domínguez-Gil, «en Europa hay varios países en los que también se está poniendo en marcha esta medida, como Reino Unido, Francia o Alemania». Ninguno cuenta con la experiencia de Estados Unidos, aún.

Tal y como relata el hepatólogo Pons, «podrían aprovecharse perfectamente todos los órganos de un donante con hepatitis C. Sólo habría más dudas con la médula ósea porque no hay referencias suficientes».

En cuanto al hígado, que es el verdadero afectado por el VHC (con el tiempo produce enfermedad hepática crónica, con riesgo de morir a causa de cirrosis o cáncer de hígado), «cuando el donante lo sea de hígado, hay que consensuarlo, valorar que apenas tenga inflamación ni fibrosis». Normalmente, asegura el especialista, «por debajo de F2 (el daño hepático se considera hasta F4), se puede considerar el trasplante». De hecho, en este mismo hospital se ha registrado otro caso.

Dado que con el trasplante de cualquiera de los órganos es previsible que la infección se transmita a través de la sangre en un alto porcentaje, apunta el hepatólogo, tras la intervención, a los receptores se les somete a terapia con antivirales de acción directa, con los que se curan en un plazo de entre 8 y 12 semanas. En palabras de la directora de la ONT, «ya que la infección que se transmite se trata con éxito y dada la escasez de órganos, se puede asumir el riesgo informando previamente al receptor y tratándolo después».

Así se hizo con Julio en 2014. Se calcula que, aquel año, había otros 481 pacientes en su misma situación, esperando recibir un corazón.

Para hacernos una idea de la situación, concretamente de corazón, a lo largo de 2017 se realizaron 304 trasplantes y había unas 125 personas en lista de espera; de ellos, 12 eran niños. De este grupo, el 80% se trasplanta, pero un 5% se muere antes de recibir el órgano. «Por eso hay que buscar otros donantes. Desde la ONT llevamos mucho tiempo trabajando en definir muy bien cuáles son los límites en la utilización de órganos y vamos aprendiendo que lo que hace años era una contraindicación absoluta, ahora no lo es».

Como señalan los expertos en trasplantes, el mayor riesgo que puede tener alguien que espera un órgano disponible es no recibirlo. Y ahí está la carrera de fondo de la ONT, que año tras año logra aumentar el número de trasplantes y reducir el de enfermos pendientes de recibir la llamada deseada. En los tres últimos años, la donación se ha incrementado en un 30% y la lista de espera pasó de 5.480 pacientes en 2016 a de 4.896 en 2017.

A partir de noviembre, con el nuevo protocolo de la ONT, «cuando se nos oferte un órgano donante con el virus de la hepatitis C en cualquier comunidad autónoma habrá un documento de consenso nacional por el que la situación ya no suponga un dilema y se actúe siguiendo las pautas establecidas», expone Marina Berenguer, hepatóloga del servicio de Digestivo del Hospital Universitario La Fe de Valencia y cuyos trabajos están siendo piedra angular en el desarrollo del protocolo nacional que verá la luz en noviembre.

Informar a los pacientes

Según la experta, en primer lugar, es importante informar al afectado y los familiares y tener su consentimiento firmado. «Tienen que entender que con este tipo de trasplante les vamos a infectar, pero que tenemos unos fármacos que les curan al 99%, que hay una lista de espera y que no siempre llega un órgano a tiempo».

Una vez obtenido el permiso del propio afectado, el procedimiento del trasplante se pone en marcha y después, tras confirmar que el receptor muestra anticuerpos del virus de la hepatitis C, se le pone en tratamiento. En el comité que ahora está ultimando el documento de consenso, se está debatiendo la posibilidad incluso de empezar con la terapia antes de que el enfermo sea trasplantado, para que no se llegue a producir la infección.

Con esta nueva estrategia y sus resultados, la pregunta es si con otras infecciones podría ocurrir lo mismo. Según Domínguez-Gil, «en Estados Unidos se han empezado a utilizar ya órganos de donantes con VIH en receptores también con la infección y este fue precisamente el primer paso que se dio con los trasplantes de VHC». En palabras del hepatólogo Pons, «incluso se ha llegado a plantear con el virus de la hepatitis B, pero en este caso, no se cura, sólo se puede controlar».

El caso de Julio fue una conjunción de factores favorables: la disponibilidad a tiempo de un corazón compatible con su organismo y la aparición de los nuevos fármacos para curar la hepatitis C. El día de su trasplante, el Ministerio de Sanidad, apenas un mes antes, ya había dado luz verde a la financiación de dicho tratamiento. Sin embargo, aún se tenían que definir algunos criterios y pasarían varios meses hasta que la indicación se extendiera a todos los afectados sin excepción.

Hoy, mientras disfruta de su corazón salvavidas, Julio sólo tiene palabras de agradecimiento: «Me sentí afortunado por tener acceso a un tratamiento tan novedoso y tan esperado por tanta gente y que a mí me brindó un corazón y me salvó la vida».