Màxim Huerta promete el cargo como ministro de Cultuar ante el Rey. POOLREUTERS

La textualidad de la sentencia contra el ministro de Cultura por defraudación fiscal resulta muy embarazosa para un Pedro Sánchez aupado al poder, entre otras cosas, por los párrafos de otro fallo, muy reciente, que cuestionaba la credibilidad como testigo de su predecesor, al que él censuró.

Si Rajoy resultó estigmatizado políticamente en la sentencia de Gürtel porque su testimonio no aparecía como “suficientemente verosímil” para rebatir el cobro de pagos de la llamada ‘Caja B’ del PP, la afirmación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de que la conducta tributaria de Màxim Huerta no es sino “voluntaria y culpable… no pudiéndose apreciar buena fe en su actuación en orden al cumplimiento de sus obligaciones fiscales“, es demoledora para el miembro de un gobierno nacido de una supuesta refundación moral.

El día de la dimisión de su compañero José Manuel Soria, Cristóbal Montoro fijó un estricto baremo político y tributario. “No se puede estar en el Gobierno y haber operado en paraísos fiscales”, dijo. La operativa en paraísos fiscales no es delictiva en nuestra legislación, pero sí es un indicio de otros delitos. De hecho, Soria no ha sido ni perseguido ni condenado por su sociedad en Panamá.

Pero el ministro de Cultura, sí ha sido sentenciado. Y podrá pensarse que resulta paradójico que, en este tiempo de caza de brujas fiscal, una persona reciba dos fallos tan duros simplemente por defender sus derechos ante Hacienda hasta el límite de lo permitido, pero es que el tribunal considera en dos ocasiones que no ha existido “buena fe en su actuación”. El precedente de la credibilidad de Rajoydebería abocar a Huerta a la dimisión.

El ministro tiró esta mañana en Onda Cero ante Carlos Alsina del mismo argumentario que ha empleado Messi en sus causas con Hacienda o la Infanta Cristina en el caso Nóos: que dejaron el asunto en manos de otro. Media España ha esbozado una media sonrisa o se ha burlado de estos argumentos. ¿Por qué van a hacer otra cosa cuando lo oigan en boca de Màxim?

Por último, hay un ángulo que el ministro no quiso aclarar: ¿Era el presidente del Gobierno consciente de esta situación al nombrarlo? Esto tiene que ver con la confianza política depositada en Huerta por Sánchez y que, de momento, parece que le ha renovado. Sin embargo, cuando el ministro de Cultura explicó que había acudido a primera hora a la Moncloa a dar explicaciones sobre la noticia, dio la impresión de que Sánchez no conocía estos antecedentes. ¿A qué tanta prisa por dar explicaciones si el presidente ya lo sabía?

Después de diez días de fijar la agenda de los españoles sin contrapeso, al gobierno de Sánchez le ha llegado la hora de lidiar con su primer problema. Y cómo lo resuelva marcará su devenir.