Tras 25 años como periodista de sucesos y un par de libros a sus espaldas, que Florencia Etcheves (Buenos Aires, 1971) dejara las noticias para entregarse en cuerpo y alma a la novela negra parecía casi una obligación. Etcheves firma ‘Cornelia‘, una novela desgarradora y cruel, pero tierna y valiente a la vez, una ficción que quiere utilizar como altavoz para denunciar un problema real: la trata de mujeres. Diez años después de que una adolescente (Cornelia) desapareciera durante un viaje de estudios en el sur argentino, una de sus cuatro amigas, ahora policía, decide reabrir el caso para enfrentarse a sus fantasmas del pasado. Con esta historia, la autora se mete en lo más profundo de ese universo enfermo, lo explora y expone su abrumadora crueldad a través de unos personajes femeninos que se graban a fuego en la memoria de quien lo lee, envuelto en sábanas y emociones.

Coge el volumen de ‘Cornelia’ que descansa encima de la mesa de la biblioteca del Hotel de Las Letras de Gran Vía y lo mira divertida. “Esta es la edición española. Cuando me la mandaron dije ‘¿pero qué hablan en España? Yo creía que era español’”, ríe. Natural de Buenos Aires, Florencia repasa algunas de las palabras que se han adaptado para la edición peninsular. “Los insultos argentinos, por ejemplo”. Rodeando su muñeca, hay un pañuelo verde que desenvuelve para enseñar las letras plasmadas: “Campaña Nacional Por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Este miércoles, Argentina decidirá si legaliza el aborto.

'Cornelia' tiene su adaptación cinematográfica, con Amaia Salamanca.
‘Cornelia’ tiene su adaptación cinematográfica, con Amaia Salamanca.

PREGUNTA: Veo que llevas el pañuelo verde por el aborto libre.

RESPUESTA: En Argentina se va a votar mañana [por este miércoles] lo que sería la primera parte de la despenalización del aborto y estamos mis amigas y yo en esa lucha. Somos miles.

P: En la dedicatoria del libro escribes #NiUnaMenos. ¿Qué ha supuesto para ti este movimiento?

R: En esa dedicatoria estamos nueve de las veinte que en su momento organizamos la primera marcha #NiUnaMenos en Buenos Aires. Muchas de esas mujeres son íntimas amigas mías. Yo este libro lo empecé a escribir a finales del 2015, poco tiempo después de que el movimiento #NiUnaMenos se popularizara tantísimo en mi país y mi necesidad era dedicárselo a ellas porque me acompañaron en el proceso. No solo en el proceso de escritura, sino un proceso interno de crecimiento enorme. Yo no volví a ser la misma persona después de esa marcha, me comprometí con el movimiento feminista, me autopersigo y me empecé a autoperseguir en ese momento como feminista y la lucha colectiva es, hoy por hoy, lo que más me interesa.

P: Leyendo ‘Cornelia’ se me ha quedado grabado un mensaje: nos puede pasar a todas.

R: Ese fue el mensaje que yo quise dar, que ninguna de las mujeres, por lo menos en Argentina, estamos en una cajita de cristal, que todas somos vulnerables. Por supuesto que hay grupos mucho más expuestos que otros, que son las mujeres que tienen menos recursos. Ellas son las más vulnerables pero quienes no estamos dentro de esos grupos también podemos ser víctimas de violencias machistas y sexistas, extremas o no extremas, pero violencias al fin y al cabo. Me gustaba dejar plantada esa semilla para que todas estemos más alerta y para concienciar.

P: ¿Fue eso lo que te impulsó a querer contar esta historia tan cruda?

R: Me impulsó la revolución interior que yo tenía en ese momento, que aún sigue, es un fuego que no se apaga. Es lo que tiene que haber en la lucha de derechos para las mujeres. Dentro del abanico enorme de violencias machistas que sufrimos las mujeres, me impulsó querer meterme con este caso porque está bastante invisibilizado. Tiene mucho prejuicio y me gustaba poder interpelar a todas las partes que forman la cadena para que el delito de trata pueda existir, que tiene que ver con las complicidades policiales, judiciales y también con las sociales: cuando a veces hacemos como que no vemos, estamos sin querer siendo cómplices y quería interpelar por ese lado. Por eso elegí ese caso.

Todas las mujeres podemos ser víctimas de violencias machistas y sexistas, extremas o no

P: Tú has sido periodista de sucesos y se nota al leer el libro.

R: (Ríe) Claro. Stephen King, en ‘Mientras escribo’, habla de su caja de herramientas. En mi caja de herramientas están todas las cosas que yo he aprendido durante 25 años trabajando en la crónica negra. Son herramientas que para mí son habituales porque han sido parte de mi trabajo diario y es el universo que yo manejo. Entonces me resulta fácil escribir sobre ese universo, por eso escribo crónica policial, no se me ocurriría escribir otra cosa. No sé escribir de amor.

P: ¿Y qué tiene el mundo de la literatura para haberte apartado del periodismo?

R: Son dos mundos totalmente distintos que me apasionan, pero en un momento de mi vida sentí que lo que me estaba interesando y apasionando tenía que ver con contar historias de ficción ancladas en la realidad y poder ser más libre a la hora de decir las cosas. En el periodismo la realidad es lo que manda, los hechos son los que mandan, el buen ejercicio de la profesión es el ejercicio de los datos y de los hechos. La imaginación y la ficción no son un buen ejercicio de la profesión. No digo que no existan, pero personalmente para mí está mal. Un periodista que inventa y que fantasea no es un periodista. Yo sentí que tenía ganas de escribir ficción y no es compatible con el periodismo.

P: Hay un montón de casos y casos como el que cuentas en la historia y da la impresión de que por mucho que hagamos no es suficiente. ¿Cuál tiene que ser el próximo paso del feminismo? ¿O ya no depende de nosotras?

R: Yo creo que un poco sí que nos toca y como dice una compañera mía feminista, “esta es la revolución de las hijas”. Creo que a nosotras nos están tocando los resultados y los coletazos de las luchas de feministas del siglo pasado. Si tú hoy estás con una grabadora y tienes voz en un medio de comunicación y yo tengo la posibilidad de escribir y editar, si podemos conducir un coche, si podemos presentarnos a las elecciones, se lo debemos a las feministas del siglo pasado que lucharon para que nosotras hoy podamos tener eso. Nosotras ahora estamos luchando para que nuestras hijas y nuestras nietas puedan disfrutar de lo que falta. Por eso me parece que el feminismo es un acto de redes de amor tan grande que no tiene fin y que no tiene techo, aunque el techo es de cristal y lo estamos rompiendo a patadas.

P: En un momento del libro describes de forma muy real y muy didáctica la trata de mujeres. “No es solo un delito o la violación de un derecho: es una suma de delitos sobre muchos aspectos de una mujer, la supresión de todos sus derechos humanos.” ¿Es un llamamiento a esa gente que aún no es consciente de que esto es una realidad que está existiendo ahora mismo?

R: Absolutamente. Y tiene que ver con los derechos humanos. No es un problema que tiene una chica en particular, es una mecánica, es una de las violaciones más cruentas de los derechos humanos que tiene que ver no solamente con lo físico, sino con lo mental, con la supresión de la voluntad, con hacer desaparecer a una persona. Aunque esté contigo, esa persona no es la misma que fue. No podemos pasar por alto esto. Creo que es clave que todos sepamos de qué se trata y me parece que los libros, las películas, las obras de teatro, la televisión, Netflix… Todos los soportes son válidos para poder gritar esto. Las mujeres nos estamos colando en todos esos soportes para poder hablar de lo que nos importa.

Etcheves muestra el pañuelo por la legalidad del aborto en Argentina (P.C.)
Etcheves muestra el pañuelo por la legalidad del aborto en Argentina (P.C.)

P: ¿La cultura entonces es uno de los medios de los que más nos podemos valer para visualizar este problema?

R: Sí, son muchísimas cosas. Desde la lucha en la calle, en nuestros ámbitos privados… Yo durante muchísimos años cubrí crónica policial y he cubierto muchísimos casos de trata de mujeres. Cuando salió ‘Cornelia’ fui a firmar a la Feria del Libro de Buenos Aires y se me acercaban quienes me conocían de televisión. “Flor, ¿pero esto es así?”, me preguntaban. Lo he dicho muchas veces en la tele, ¿no me creías cuando te lo decía en la tele? Tal vez ese día no lo habían escuchado o no habían leído el periódico. Por lo menos, desde otro lugar pude llegar a personas a las que a lo mejor no les interesan las noticias. Se amplía la caja de resonancia de lo que yo quiero decir.

P: Puede ser que estemos tan acostumbrados a las malas noticias que al final le quitamos importancia.

R: Claro, lo naturalizamos. Y muchas personas se angustian con la realidad, con las noticias, y no tienen ganas de verlas porque igual ya tienen bastante con las angustias que puede haber en sus vidas. Se alejan un poco de la realidad pero cuando ven una película, una serie o leen un libro, esa realidad los vuelve a interpelar desde otro lugar. Es un soporte que no podemos dejar descuidado.

P: Escribes: “50 kilos de cocaína no vale lo mismo que 50 kilos de una mujer”.

R: Sí, lo dice Ariel en el libro pero es una frase que dicen mucho los investigadores cuando se describe la mecánica. “50 kilos de droga desaparecen, las personas no”. Se saca más partido de lo que tiene que ver con el negocio a las mujeres. Es fuerte pero es así. Yo leí una vez esa descripción. Para este libro leí muchísimo sobre el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de mi país, que tienen cuadernillos de trata, y esas descripciones me parece que son absolutamente gráficas porque pone en pocas palabras lo que es una mecánica criminal.

El tráfico de drogas es el que mueve más dinero, después el de armas y el de personas. Las mujeres son cosas para el negocio

P: Por lo que recuerdo utilizas el término trata de mujeres pero ha habido bastante controversia con el término “trata de blancas” porque desde sectores racializados comenzaron a hacer ver que es un término racista.

R: Sí, es racista. Es la trata de mujeres para la explotación sexual. Blanca, negra, amarilla… No importa tu color de piel ni tu religión. El delito no es más o menos grave, pero durante mucho tiempo se dijo “trata de blancas”. Es como cuando se decían “crímenes pasionales”. No lo son, son feminicidios. La pasión es otra cosa, no tiene que ver con matar a una mujer a golpes. El lenguaje se va adaptando, no solo a las tipologías penales, sino también a los avances de la sociedad. Está mal dicho “trata de blancas”.

P: ¿Crees que el feminismo ha olvidado a las mujeres negras?

R: No, hay grandes feministas negras y en mi país no es muy grande la comunidad afrodescendiente como en Brasil o Uruguay, pero las hay. Aunque no sean muchísimas en nuestro país son y están y son violentadas también.

P: La prostitución, que no la trata, es un tema controvertido dentro del feminismo. Me gustaría saber cuál es tu postura.

R: En primer lugar hay que hacer una diferenciación clara entre prostitución y trata de mujeres. Hay un feminismo que es abolicionista y otro que no. Yo no tengo una posición muy muy clara tomada al respecto. Soy defensora de las libertades de las mujeres, de la libertad de decisión. Si hay mujeres que deciden libremente ejercer la prostitución, si esa decisión es completamente libre, yo no tendría nada para decir al respecto, pero es un grupo muy pequeño las que deciden libremente. Ahí se me genera una contradicción. Lo que sí tengo claro es que prostitución no es trata, son cosas distintas, estamos de acuerdo. ¿Pero cuántas eligen libremente? No creo que muchas. No le pongo carga moral, yo no debato ningún tema desde la moralidad.

Si hay mujeres que deciden libremente ejercer la prostitución, no tendría nada que decir al respecto, pero es un grupo muy pequeño

P: En la novela vemos el horror de la violencia hacia las mujeres, de la agresión sexual, pero lo cuentas de una forma nada sensacionalista, con ternura incluso. En España hemos sufrido muy recientemente el tema de La manada. Como periodista, ¿te parece que los medios de comunicación tenemos trabajo que hacer para saber hablar de estos temas con propiedad?

R: Sí. Me parece que vivimos todavía en una estructura patriarcal y los medios no están exentos de eso. Muy a poco a poco se deja de culpabilizar a las mujeres. Si una chica es violada por una manada dicen que si estaba borracha y que si no se defendió lo suficiente. ¿Qué es eso? La víctima es la víctima y punto, no me importa si estaba borracha, con poca ropa o si estaba de fiesta. Es víctima igual. Me parece que los medios poco a poco van cambiando la manera de cubrir las noticias y la están cambiando por un gran reclamo de la sociedad. Lo veo en redes sociales. Cuando un periodista culpa a la víctima se le tiran encima y me parece que está bien, que por las buenas o por las malas los periodistas tenemos que dejar de decir pavadas y tener bien claro quién es la víctima y quién es el criminal. Si no tienes claro eso, no cubras crónica policial. Si en un caso como el de aquí de España de La manada pones un segundo de duda sobre la víctima, dedícate a cubrir otra cosa. No estás ejerciendo de manera humana el periodismo. El culpable es La manada, quienes no aplicaron la pena suficiente y quienes le dieron una excusa a estas bestias.

Lo siento mucho por esos padres que no supieron ver que estaban criando bestias (La manada), pero son hijos sanos del patriarcado

P: Había gente que se ponía de su parte, diciendo que eran buenos hijos.

R: La cantidad de asesinos en serie en la historia que basta con buscar en Google para leer la descripción de: “buen padres, buen trabajador, buen vecino”. Pero es que estos tipos son así. Porque ahí está la patología. Es un violador, ¿a quién le importa que sea buena persona hacia fuera? Lamento mucho por esos padres que no supieron ver que estaban criando bestias, pero son hijos sanos del patriarcado. No tienen defensa alguna de la sociedad. Tienen que tener sus abogados, desde luego, porque es un estado de derecho y todo el mundo tiene que ser defendido. Pero desde lo social no deberían poder caminar por la calle un segundo, deberían ser insultados cada vez que alguien les ve. Creo que la condena social a veces es más larga y más fuerte que la condena judicial y eso es que estamos cambiando.

P: Un tema más alegre. La película de ‘Cornelia’ ya ha salido en Argentina pero en España todavía no.

R: Salió y fue un éxito, en Perú, en Uruguay… Tengo entendido que va a salir en España pero no sé cómo va el tema de la distribución. Una de las protagonistas es Amaia Salamanca. Es una diosa y hace una Sirena magistral, mejor que como yo la imaginé.

P: ¿Cómo es ver a tus personajes en persona?

R: Magia. Como ir a Disney y ver a Mickey. Me pareció increíble tenerlos ahí y tocarlos, como Alicia en el país de las maravillas. Está ahí tomando café, guau, no me lo podía creer.

P: ¿Participaste en la elección de los actores?

R: No, me compró los derechos una productora pero sí que participé en los rodajes en La Patagonia, aquí en Canarias… Los actores y las actrices hablaban mucho conmigo y me pedían asesoramiento para el personaje. Me puse muy contenta con la elección.

P: ¿Tienes un próximo libro?

Sí, estoy escribiendo y va a salir en octubre. Es una novela policial, tiene que ver con las sectas y el periodismo. Ahora que estoy fuera, me es más fácil.