Lolo Sainz, con dos de sus copas de Europa. ÁNGEL NAVARRETE

Tetuán, 1940. Ex jugador, ex entrenador y ex seleccionador de baloncesto. Portero de fútbol frustrado («Un día me metieron 16»). Seis veces campeón de Europa. El viernes verá la Final Four «como un forofo, gritándole a la tele». Aún dice teseká para referirse al CSKA: “Es un muy buen equipo pero no lo es todo el tiempo. Igual que el Real Madrid”.

La Final Four es en Belgrado. Ir a Belgrado en 1975 tenía que dar miedo.
Daban miedo los viajes. Yo me he comido aterrizajes de pavor: una vez, en Zúrich… «Uy, parece que se mueve esto». Y entonces vimos que las azafatas lloraban… En los partidos te podían hacer alguna encerrona, recuerdo una eliminatoria con el OKK, íbamos con 16 puntos de ventaja. Estaba claro que el partido duraría hasta que ganaran por 17. Y así estuvimos tres horas sin que llegaran a cogernos 17 puntos. La gente se iba, se dormía en las gradas… Hasta que un tal Radivoj Korac fue a la mesa y dijo que basta, que lo dejaba. Y entonces el partido acabó. Pero, luego, eran amables. En esa época, los clubes organizaban la cena con los dos equipos tras el partido. Había mucha hermandad.

¿Cree que dirigir a un equipo en 2018 es muy diferente que dirigirlo en 1986? Me refiero a la parte humana, no a la táctica.
La psicología del jugador es sencilla: quiere ganar y lucir, tiene su parte egoísta… Gestionar eso me encantaba y no creo que haya cambiado mucho… Lo que no sabría es trabajar con niños. Para los niños soy un peligro.

Dios mío, ¿por qué?
Antes de entrenar al primer equipo del Real Madrid llevé al juvenil una época. Teníamos un equipo regularcillo pero quedamos muy bien, subcampeones de España. Ese verano me crucé con Bernabéu en un pasillo y me dijo:«Lolo, ya me han dicho que vas a ser un gran entrenador». Yo, flotando, claro. «Pero que sepas que en este club no vale ser segundos». Chof. Esa frase me cayó como un martillo, se convirtió en una obsesión. Tanto que aún hoy me ponen a trabajar con críos y me vuelvo loco. «¡Qué haces, chaval! ¡Corta por dentro!». Luego me llaman la atención.

¿Ha visto Campeones?
No. Pero más o menos sé que trata de eso.

¿Reñía a sus jugadores cuando no eran respetuosos con un rival?
Sí. La primera conversación que tuve con Petrovic fue ésa: en este club no puedes tener según qué gestos, según qué actitudes… Fue una riña preventiva.

Y Petrovic, en Madrid, fue bastante prudente.
Fue muy prudente para la bestia que tenía dentro. Estuvo muy profesional todo el año, no podríamos habernos quejado de nada con él.

Aquellos aspavientos, comparados con la gestualidad típica de la NBA, son una nadería.
Es una parte más del espectáculo que es la NBA. Me sorprenden más otros casos. Mire, yo veo a Doncic y me enamora su juego, a quién no. Pero ahora hace algunos gestos que…

Supongo que es una estrategia de supervivencia para un chico muy joven.
Lo sé y en parte lo entiendo. Pero ser un caballero es una manerade sobrevivir.

Aíto aún entrena y le va bien. ¿Envidia?
Envidia no.Yo he tenido la misma pasión que Aíto por esto, pero también tengo familia. Conozco más a mis nietos que a mis hijos, me alegro de estar en casa ahora. Aíto no tiene esas ataduras familiares, es más libre.

¿Su relación personal era buena cuando eran competencia?
Muy cordial, con mucho respeto mutuo. Siempre estaba el juego ese de condicionar a los árbitros con declaraciones. Eso me enfadaba un poco… Bueno, gajes del oficio.

¿Es fácil encontrar jugadores del Madrid y del Barcelona que sean amigos?
Los que van a a la selección tienen amistad a menudo. Para los entrenadores es más difícil. Pero me acuerdo de descubrir con sorpresa que Juan de la Cruz, al que no quería mucho como rival -digámoslo así, suavemente-, era un tío encantador.

¿Su mejor amigo en el F.C. Barcelona?
Es que en mi época de jugador, el rival no era el Barça, era el Joventut. Y en el Joventut mi gran amigo ha sido Nino Buscató, que fue un jugador genial y es un tío genial.

Qué pena, la ruina del Joventut.
Mucha. Bueno: han conseguido no descender, hay una esperanza de que puedan reconstruir el club poco a poco. He hablado varias veces con Jordi Villacampa estos años. Y el otro día vi a Morales. En Badalona pasé años maravillosos. Tardaba 40 minutos en recorrer los 200 metros de la calle comercial porque todo el mundo me paraba. ¡Todo el mundo era entrenador en Badalona!

¿Y con Laso? ¿Cuántas veces ha hablado en los últimos años?
No muchas porque no voy a la cancha a ver los partidos, los veo en casa. Alguna vez me lo he encontrado en la cafetería a la que voy a comprar pan y dulces; no vive lejos de mi casa. Ha coincidido que las tres veces que me lo he encontrado, lo he visto con sus colaboradores, en momentos de dudas. Estaban así, como de terapia y les tuve que decir: “Venga, Pablo, que los estáis haciendo muy bien, que sois los mejores”. Luego en el sofá, viendo los partidos, me pongo como loco.

¿Con qué tecla ha dado?
El Real Madrid siempre jugó un baloncesto vistoso, rápido, de contrataque. Laso ha interpretado muy bien esa tradición y eso ha ido en su favor en los momentos difíciles.

Y durante los años en los que el Madrid no ganaba nada… ¿Qué iba mal?
Pues, aunque suene un poco simple, el dinero. Hubo un momento en el que nos quedamos atrás en inversión respecto a nuestros rivales. Yo fui directivo en la primera etapa de Florentino. la presión que recibía del club constantemente era: “¿Por qué este gasto? Este jugador es muy caro. No podéis hacer esta inversión”.