Europa es una ‘zona monetaria no óptima’ de manual. Los creadores del euro ya conocían este defecto de la región, pero decidieron ignorar la teoría de Robert Mundell y seguir adelante con un proyecto que tenía más fines políticos que económicos. Sin embargo, los problemas de arquitectura terminaron por salir a la luz y provocaron la mayor crisis en el continente en casi un siglo. No en vano, la integración económica es todavía muy pobre y los distintos países son muy heterogéneos. Para evitar que se repita una situación como la vivida en 2012, los diferentes líderes de los partidos y las instituciones están lanzando sus propuestas de reforma del euro.

La última aportación la ha realizado el Banco Central Europeo (BCE), que apuesta por una idea rompedora, la creación de estructuras fiscales que impulsen las transferencias automáticas entre países. De esta forma, se creará un mecanismo de estabilización fiscal que ayude a superar los ‘shocks asimétricos’. En otras palabras: cuando un país se enfrente a una crisis, el resto ayudaría enviando dinero, a ser posible, de forma automática, para evitar injerencias políticas.

“La zona del euro saldría beneficiada con una función de estabilización fiscal centralizada capaz de respaldar los estabilizadores económicos nacionales en presencia de grandes perturbaciones económicas, incrementando así la resistencia de la Unión Económica y Monetaria”, explica la entidad en su último ‘Boletín económico‘. Una forma de lograrlo es la creación de un seguro de desempleo común para todos los países. Sería una especie de ‘Inem europeo’ que se encargaría de recaudar una parte de las cotizaciones de los trabajadores con las que financiar las prestaciones de los parados.

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El funcionamiento es muy sencillo. Cuando un país (o varios) afronta una etapa recesiva, sufriría un incremento del paro y, por tanto, una subida del gasto en prestaciones de desempleo. Si este gasto se financia con fondos europeos, automáticamente ese estado recibirían dinero de sus socios. No sería necesario que interviniese ningún político ni que haya consenso, sería inmediato y afectaría por igual a todos los países en fases de crisis.

La eurozona saldría beneficiada con una función de estabilización fiscal centralizada capaz de respaldar los estabilizadores nacionales

Esta modalidad de transferencia tiene otra ventaja, y es que se convierte íntegramente en renta de los hogares, ya que no pasaría por el Gobierno de cada país. De esta forma, se evitaría la pérdida de ingresos de las familias en épocas de crisis, lo que contribuiría a minimizar la caída de la demanda interna y disminuiría la virulencia de la crisis.

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Para el BCE, no se trata de evitar los “ciclos económicos nacionales ni igualar los ingresos”, sino que se limitaría a ayudar a los países en momentos de crisis. De esta forma se lograría evitar uno de los mayores temores del avance hacia la integración fiscal: las “transferencias permanentes en una sola dirección”. No se trata de que los países ricos ayuden a los pobres (medido como renta per cápita, PIB o cualquier otro indicador). Simplemente sería una ayuda en épocas de crisis. Cuando un país esté creando empleo, aportará con sus cotizaciones, ya sea rico o pobre. Y lo mismo ocurrirá en épocas de crisis: recibirá transferencias para financiar el desempleo, independientemente de su riqueza relativa.

Una fórmula sin desincentivos

Esta fórmula de integración fiscal tiene una ventaja muy importante y es que no genera desincentivos al crecimiento en los países. Como se trata de una ayuda para paliar las crisis, los países no tendrían ningún incentivo en recibir estas transferencias. Al contrario, querrían evitarlas, porque lo contrario significaría provocar una crisis para recibir dinero europeo, algo impensable.

Por ese motivo, es una fórmula que permitiría “mantener los incentivos para la elaboración de políticas fiscales sólidas y subsanando las debilidades estructurales a nivel nacional”, explica el BCE. O lo que es lo mismo, los gobiernos conservarían todos los incentivos para tratar de mejorar la economía del país.

Otra opción que plantea el Banco Central Europeo en su ‘Boletín económico’ es la creación de un presupuesto de inversiones para la eurozona. En este caso, sí se trataría de una política con un amplio contenido discrecional, ya que serían los políticos quienes tendrían que decidir las inversiones destinadas a cada país. Sin embargo, esta propuesta tiene una bondad muy importante: contribuye a elevar el PIB potencial de los países gracias a la inversión. El BCE reconoce que “cada una de estas opciones conlleva sus propios desafíos y ventajas de carácter técnico y político”, pero son fundamentales para luchar contra las crisis.

Otra opción que plantea el Banco Central Europeo es la creación de un presupuesto de inversiones públicas para la eurozona

La entidad ha analizado la diferencia en los ‘shocks asimétricos’ de EEUU en comparación con la eurozona y las conclusiones son elocuentes. En EEUU, el 60% de los impactos económicos en un país concreto es mitigado gracias a la integración económica y fiscal. En la zona euro, este porcentaje se hunde hasta el 20%. Esto significa que en Europa, cada país tiene que soportar en solitario sus propias crisis, lo que genera tensiones en la economía de la región. Por el contrario, en EEUU los ‘shocks asimétricos’ se mitigan gracias a la intervención de los diferentes estados.

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En EEUU cuentan con varios canales para asumir riesgos compartidos. El primero es el sistema bancario: al contar con grandes bancos nacionales, son capaces de seguir prestando dinero incluso en los estados que sufren crisis. Esto no ocurre en Europa, donde los bancos están muy centrados en su país y sufren sus mismos ciclos. En EEUU, el sistema financiero mitiga el 40% de los ‘shocks asimétricos’, mientras que en la zona euro, no solo no reduce el impacto sino que lo incrementa.

En EEUU, la integración bancaria mitiga el 40% de los ‘shocks asimétricos’; en Europa, la fragmentación del mercado los incrementa

Estados Unidos cuenta con otra estructura de mutualización de riesgos: la inversión. El país tiene grandes empresas y patrimonios que invierten en todo el territorio independientemente de los estados. De esta forma, se crea una red de interconexiones de capital que contribuyen a estabilizar las regiones afectadas por una crisis. Esta red ayuda a mitigar hasta un 35% de los ‘shocks asimétricos’, mientras que en la eurozona este porcentaje cae hasta el 20%.

Por último, la integración fiscal de EEUU permite reducir hasta un 10% de las crisis estatales, el doble que en Europa. Por este motivo, el BCE considera que es tan importante avanzar hacia la integración fiscal, financiera y empresarial. Del éxito en estas tres ramas dependerá el futuro de la moneda común.