Los Furtivos somos un grupo heterogéneo. Para que ninguno de nosotros, o de ustedes, se ponga a echar cuentas, digamos que algunos somos mayores que otros pero concedámonos la cortesía profesional de sentirnos, grosso modo, parte de una misma generación. Si cierto es que nos hemos dedicado a diferentes ámbitos de la industria cinematográfica (dirección, producción, distribución, escritura de guiones, etc.), también es verdad que sentimos, como grupo, una cierta nostalgia por la forma de hacer cine durante aquella época en la que en España se producían, y se veían -con mucho gusto, oiga- las películas que han marcados nuestras vidas.

Llevamos publicados más de ochenta artículos en esta sección de El Confidencial durante casi cuatro años. Y, sí, esa nostalgia se percibe cuando, una y otra vez, siquiera sea de una forma inconsciente, nos referimos a joyas como ‘El verdugo’, ‘Cría cuervos’, ‘Los Santos Inocentes’, ‘Belle Époque’, ‘¡Átame!’…

También por nuestra añoranza de aquellas carteleras, en Madrid, en Barcelona, que ofrecían salas como Alphaville y Renoir, el Publi y el Ars. Ahí veíamos regularmente lo último del cine internacional. Ahí admirábamos el trabajo de los Rohmer, Truffaut, Fellini, Bertolucci, Pasolini, Bergman o Kurosawa. Ahí disfrutábamos de obras maestras como ‘La vida es bella’, ‘Cinema Paradiso’, ‘La naranja mecánica’ o las primeras producciones de Woody Allen.

Por eso cuando criticamos tantísimas obras que hoy producen algunos cineastas, se nos descalifica llamándonos “viejos nostálgicos”. Bien. Vale. Nos quedamos con el dicterio a condición de que nuestros críticos se lo apliquen, también, a ”viejos nostálgicos” como Scorsese, Coppola, Spielberg, Heineke, Tornatore, Wong Kar Wai o Kang Woo-Suk, que al día de hoy siguen firmando excelentes películas.

Comparemos la cartelera de 1980/1990 con la de 2010/2018. Aquélla es tan superior en títulos de interés cinematográfico, en autores, en actores, e incluso en la forma de comercializar los filmes que debería ruborizar a los cineastas y demás profesionales de hoy, si es que en algún momento han estado tentados de considerarse parte de una industria cultural que esté a la altura.

Verso y espada

Es verdad que no nos faltan cineastas con talento, tanto en España, resto de Europa, Estados Unidos y Asia. Pero desgraciadamente se les valora más por la caja que dejan en taquilla que por la calidad artística de sus obras. Es algo así como cuando Machado decía en su Retrato: ”Dejar quisiera mi verso como deja el capitán su espada: famosa por la mano viril que la blandiera, no por el docto oficio del forjador preciada”.

Nos queda, pues, esperar (¡santa paciencia!) a que pase esta racha de películas que no son más que capítulos de televisión alargados a 90 minutos.

Llegará entonces ese talento que sin duda existe para volver a un cine de autor comprometido (comprometido con la calidad, con el arte, con la belleza y por lo tanto con su entretenimiento), aunque para ello debamos reclamar “libertad de cátedra” para los cineastas e impedir que su línea editorial esté en manos de quienes financian y emiten sus películas.

Les dejamos con una relación de los cineastas más premiados en los últimos 50 años, de sus películas somos nostálgicos. El primer número indica los premios; el segundo, sus candidaturas o nominaciones. Sin palabras.

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Fuente: Juan Peréz Ventura, www.vaventura.com