13.02.201805:00 H. – Actualizado: 3 H.

Jamás se vieron. Ni existe ningún testimonio gráfico que lo certifique. Coincidieron en la alfombra roja del teatro de las vanidades del festival de Cine de Cannes de 1958. Las cámaras se fijaron en los dos genios por separado. Quizá hasta vieron la misma película. No hay constancia. Ambos coinciden de nuevo en 1961. Hablamos de Pablo Ruiz Picasso y Federico Fellini, dos colosales figuras/genios del siglo XX.

El director de cine italiano sueña cuatro veces con Picasso y lo dibuja. En las obsesiones (el circo, la mujer –y toda la variedad de arquetipos femeninos–, la antigüedad) coinciden ambos. El Museo Picasso Málaga provoca un diálogo entre los dos artistas en la muestra que se inaugura mañana bajo el título de ‘Y Fellini soñó con Picasso’.

La inédita propuesta, en colaboración con La Cinemathéque Française (se desplazará a París en 2019) y el Festival de Málaga, exhibe hasta el 14 de mayo los cuatro sueños de Fellini con Picasso. La relación era unidireccional y siempre se manifestaba en medio de las dificultades en los procesos creativos del intenso cineasta italiano. Fueron tres décadas (1960-1990) en los que Fellini recreó en una suerte de cómic, guion gráfico y novela ‘El libro de los sueños’.

En 2007 ya hubo una precuela internacional con la muestra en la Academia del Cine de Los Ángeles, tras su ‘pase’ en Roma y Rimini, la ciudad natal del director. Lo de Málaga es un ‘spin off’ depurado, diseñado de modo expreso para vincular Fellini y Picasso, de la exposición de hace 11 años sobre la obra onírica y dibujada del cineasta.

Ernst Bernhard, el psicoanalista de Fellini, le recomendaba que los sueños no se evaporaran en su memoria. Era necesario recoger sus miedos y pasiones; todo el pulso imaginativo, siempre evocador, repleto de plasticidad y obseso con la figura de la mujer. Imágenes femeninas rotundas, voluptuosas como las de ‘Amarcord’. Y objetos de deseo como Giulietta Masina (su esposa), Anita Ekberg (el baño en ‘La fontana di Trevi’ sobre todas las cosas) o Sandra Milo. Hay aquí una “correspondencia imaginada sobre representaciones del amor y la ira” con las musas del malagueño: Olga Khokhlova, Françoise Gilot y Dora Maar.

“Era una enorme cocina repleta de comida, de cuadros, de colores… Hablamos toda la noche”, recuerda Fellini

Picasso –sin él saberlo, sin ni siquiera intuirlo– anima a Fellini en su creación, le saca de dudas como en el primer sueño, datado el 22 de enero de 1962, en el que Giluletta vista la casa del pintor y se reúne en una cocina, escenario de la amistad. “Era una enorme cocina repleta de comida, de cuadros, de colores… Hablamos toda la noche”.

El primer sueño de Fellini con Picasso.
El primer sueño de Fellini con Picasso.

El siguiente ‘encuentro’ onírico fue el 18 de enero de 1967. “Toda la noche con Picasso, que me hablaba, me hablaba… Éramos muy amigos, me mostraba un gran cariño, como un hermano mayor, un padre artístico, un colega que me coloca a su altura, alguien de la misma familia, de la misma casta…”.

Apenas un año más tarde Fellini escribe (y no dibuja) la muerte de Picasso, que no ocurriría cinco años más tarde (8 de abril de 1973). Una falsa noticia del fallecimiento del autor del ‘Guernica’. En la última ensoñación el pintor ya había muerto. Era julio de 1980 y relata Fellini: “Sueño con Picasso (un poco más desmejorado, consumido, pero todavía muy vital) que me habla sin parar”.

Federico Fellini y Miguel Berrrocal, en los estudios de Cinecittá de Roma, en 1974 (Fundación Berrocal).
Federico Fellini y Miguel Berrrocal, en los estudios de Cinecittá de Roma, en 1974 (Fundación Berrocal).

José Lebrero, director del museo, recordó que la importancia de ambos creadores no se basa “únicamente por la excelencia y fuerza innovadora de su obra, sino por la influencia en artistas y cineastas en generaciones posteriores, Woody Allen, Spielberg o Almodóvar”. De hecho, sus apellidos dieron luego a adjetivos mundiales: lo felliniano, lo picassiano. Fellini no conoció a Picasso, pero sí mantuvo relación con otros artistas españoles como el malagueño Miguel Berrocal, deslumbrado por la contundencia de ambos creadores. Desde su residencia de Verona visitó en 1974 a Fellini en los estudios de Cinecittà de Roma.

El documental de Isaki Lacuesta

Una de las grandes aportaciones de la exhibición es el documental, de 22 minutos, que ha elaborado el prestigioso director Isaki Lacuesta. En la cinta, proyectada en el museo y con el ‘atrezzo’ de la sala de los carteles de películas emblemáticas de Fellini como ‘La dolce vita’ (1960), ‘Roma’ (1972) y la citada ‘Amarcord’ (1973), se muestran distintas fases creativas de ambos creadores. La música de Nino Rota es la banda sonora de la obra de cineasta y de esta exposición. Un arte fragmentario, aliado de la heterodoxia; jamás lineal. Un Fellini que soñaba con ser el ‘álter ego’ de Picasso. Soñador y soñado.