Mariano Rajoy, en la cumbre del PP celebrada este lunes en Madrid.
Mariano Rajoy, en la cumbre del PP celebrada este lunes en Madrid. BERNARDO DÍAZ

Los barones del PP fueron a Génova y hablaron. Y lo hicieron de muchas de las cosas que sostienen en privado: la falta de iniciativa del Gobierno y la necesidad de una reacción política ante el empuje evidente de Ciudadanos, la hegemonía de la crisis catalana en la gestión del Ejecutivo, el enquistamiento de temas como la financiación autonómica y el agua y el surgimiento de problemas nuevos como la despoblación y el desequilibrio demográfico. No sólo dieron su opinión, exigieron soluciones y las consiguieron.

El malestar territorial con el Gobierno se puso este lunes claramente de manifiesto en la comida que Mariano Rajoy convocó en Génova y que reunió a los presidentes regionales, la dirección del PP, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. En torno a esa mesa los barones expresaron la mayoría de sus preocupaciones. Con ánimo constructivo y la advertencia de que opinar no es dividir se preguntaron algunas de estas cuestiones: ¿Cómo Montoro puede abrir la puerta a una quita de deuda autonómica? ¿Por qué el agua no es también una cuestión de solidaridad? ¿A qué obedece el retraso de la financiación? ¿Por qué se permite que los socialistas lo reclamen con tanto ahínco cuando fue su Gobierno quién lo aprobó? Todos temas que les atenazan en sus territorios y a los que el Ejecutivo, pese a haberse comprometido a afrontarlos hace un año en la Conferencia de Presidentes, no ha dado respuesta.

Este lunes, ante ellos, tuvo que ofrecerlas. Sáenz de Santamaría relató qué se ha hecho y qué no. Y lo mismo Montoro sobre la reforma de la financiación autonómica.

El PP no quiso ocultar su preocupación sobre la posibilidad de que el Gobierno pueda utilizar esta negociación como bálsamo de la crisis catalana o sobre una quita de deuda a comunidades que han tenido que ser rescatadas.

Montoro se vio obligado a ofrecer explicaciones a los suyos, después de que a finales de enero dijera en el Congreso que se deberá valorar qué hacer «con la deuda de las comunidades autónomas y, en especial, la que tienen contraída con el Estado, y habrá que ver qué parte de esa deuda pertenece a la infrafinanciación». El ministro aseguró que sus palabras se malinterpretaron y que él no dio pábulo a esta opción.

Pero, por si acaso, el PP junto a sus barones va a poner blanco sobre negro que no habrá condonaciones de deuda. El presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, aseguró a la salida que «ha quedado claro que no habrá quitas de deuda» porque, dijo, «va en contra de cualquier principio moral y económico». En la misma línea el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera dijo que, tras escuchar a Montoro, «se queda mucho más tranquilo».

La razón es que después de un «intenso» debate y discusión, el acuerdo alcanzado es que el PP, junto a sus barones, redactará una propuesta sobre la financiación autonómica. El coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo, aseguró que se trata de una «encomienda» del presidente Rajoy. La dirección del partido decidirá en los próximos días el método para elaborar este documento pero, según señaló Feijóo, estará «en breve».

En principio reflejará las líneas básicas de la reforma que plantea el PP. Maíllo ya señaló este lunes tres cuestiones: la «desautorización» de quitas, la financiación de los servicios básicos y el coste real de los servicios esenciales. Este acuerdo interno, una vez que haya sido fraguado, limitará el margen de actuación del Gobierno en la negociación. En la práctica supone poner coto al margen de maniobra de Montoro que, a partir de ahora, estará constreñido por la postura de su propia partido. Es comprensible que el PP intente exhibir una posición común, como probablemente también trate de hacer el PSOE. Los populares ya lo hicieron en la anterior modificación del sistema de financiación. Ahora sólo hay una diferencia: que quienes gobiernan son ellos.

A efectos del partido, aunque llegar a un pacto de mínimos no vaya a resultar fácil, se conseguirá al menos aplacar el coro de voces distintas de los barones del PP sobre este asunto. De hecho Rajoy así lo reclamó. Fuentes populares aseguran que pidió a los presidentes no insistir en este lío porque el tema de la financiación autonómica es de lo que hacen mucho «ruido». También apuntan a que se llegó a un consenso general de que una vez que haya un documento ya se producirán públicamente disensos.

Ante la inactividad del Gobierno los dirigentes populares forzaron también que se marque posición política en otros dos temas: agua y problema demográfico. De este modo, todos los barones ven reflejadas sus inquietudes y consiguen situar en la agenda las cuestiones más acuciantes en sus territorios, de cara a las elecciones de 2019. A diferencia de lo que sucedió en 2015 Rajoy ha tenido ahora a bien permitir que los barones ofrezcan sus puntos de visto y pongan al Gobierno sus exigencias sobre la mesa.

El balance del encuentro fue que «se va a tomar la iniciativa», y «a dar la batalla política», según el presidente del partido en Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, y que «se va a gobernar», según Feijóo. «No hay elecciones en 2018, gobernemos», defendió el líder gallego. En el encuentro no se habló abiertamente sobre el despegue de Ciudadanos pero sí de manera colateral ya que la impresión de los barones es que el auge de este partido es fruto de la parálisis del Gobierno. En todo caso, la consigna de Génova sigue siendo mano dura contra ellos para poner en evidencia sus contradicciones.