Leo Messi y su padre, Jorge, a su llegada a los juzgados en junio de 2016. Jorge Moreno

Cuando en la primavera de 2016 Hacienda comenzó a interesarse por los pagos del Barcelona a la Fundación Leo Messi ya era tarde para que el club regularizara su situación fiscal de manera voluntaria. Pero aún había opciones para minimizar daños, evitar que las pesquisas se extendieran al futbolista y mantener un contexto amable para a su renovación, cuyas negociaciones comenzarían pronto.

Leo Messi ya estaba siendo juzgado por defraudar 4,1 millones entre 2007 y 2009 -caso por el que sería condenado- y un segundo expediente podía ser peligroso. La decisión fue la siguiente: el futbolista regularizaría los pagos del club a su fundación aceptando la probable tesis de Hacienda, es decir, tributando por ellos como parte de su salario. Y el Barcelona correría con los gastos.

«Es altamente previsible que la Agencia Tributaria comunique, en breve, al jugador el inicio de actuaciones de comprobación e investigación», pronosticaba un informe encargado por el club en junio de 2016, que desató las actuaciones. Según los documentos de Football Leaks, obtenidos por Der Spiegel y compartidos con la red EIC, de la que forma parte EL MUNDO, el Barcelona instó a Messi a que realizara seis declaraciones complementarias (una por cada año entre 2010 a 2015) para tributar el IRPF correspondiente a los pagos del club al margen de su salario. De acuerdo a sus cálculos, sería un pago al fisco de casi 12 millones.

La transferencia del Barcelona

El club adelantaría al jugador un dinero que acabaría pagando el mismo club. Pero el ajuste presupuestario era complicado y se optó por una opción enrevesada. Primero, un préstamo. «Las partes han acordado que los citados importes, si bien serán pagados formalmente por el Sr. Messi, serán sufragados en su totalidad por el FCB», constaba en el borrador del acuerdo entre el Barcelona y Messi. El 27 de octubre el club hacía una transferencia de 12 millones a una cuenta en CaixaBank del jugador, que devolvería el préstamo en 24 pagos hasta diciembre de 2022. Para entonces ya se habría consumado la segunda parte la operación, un bonus de 23,1 millones brutos -unos 12 millones netos- para el argentino.

Así el Barcelona buscaba proteger sus cuentas de esa temporada mientras que Messi podía contar con el dinero de inmediato. Aunque el movimiento despertó suspicacias. La recién llegada Sabine Paquer, encargada del cumplimiento normativo y transparente de la entidad, manifestó reiteradamente su disconformidad. Pero se trataba de Messi y de su futura renovación, por lo que sus reclamaciones no se consideraron obligaciones.

Prima de 100 millones

Sí fueron atendidas las quejas del departamento financiero. Su conclusión era que el arreglo presupuestario no servía, ya que los pagos del bonus no podrían computarse en ejercicios posteriores. La solución fue cancelar ese bonus e incorporarlo a la renovación del jugador hasta 2022: la prima de 100 millones a Messi revelada por EL MUNDO, en realidad, también resguardaba la regularización con Hacienda.

Una vez hecho el pago voluntariamente, el fisco ya no podría estimar mala fe en la actuación del argentino.

El club y Jorge Messi, en nombre de su hijo, han respondido a EIC. No obstante, ninguno de ellos ha dado detalles sobre el mencionado préstamo. Con todo, la acción del club sólo surtió efecto sólo a medias. Como publicó ABC, en junio de 2017 Hacienda terminó por abrir una inspección a la Fundación Leo Messi.