Imagen del sorteo del año 1963. Las matemáticas pueden enfriar la ilusión que despierta la lotería
Imagen del sorteo del año 1963. Las matemáticas pueden enfriar la ilusión que despierta la lotería – TEODORO NARANJO DOMÍNGUEZ

La probabilidad de que toque el gordo es similar a la de dar por azar con una persona concreta entre todas las mujeres de Albacete. A pesar de todo, España es una potencia mundial en el gasto en loterías, un ejemplo de la «apuesta de Pascal»

04/12/2017 20:37hActualizado:04/12/2017 20:37h

Se está acercando la Navidad, es algo que se ve por las calles (llenas de iluminaciones estridentes), en los supermercados (con estantes de dulces y de comidas típicas navideñas, con subidas de precio espectaculares en muchos casos) y en los anuncios televisivos (con uno anormalmente largo y lujoso dedicado alSorteo de Navidad), entre otros muchos síntomas. Parece oportuno aprovechar el ‘espíritu navideño’ para contar un Cuento de Navidad, eso sí, quizás un poco diferente de lo habitual, pero un cuento al fin y al cabo.

El regalo

Yo vivo en Zaragoza y Juan es un amigo mío con el que nos vemos con frecuencia. El otro día le comenté que me iba unos días de viaje a un lugar no muy habitual: Albacete. Juan me dijo enseguida: ‘Pues allí tengo una amiga que hace tiempo que no veo; ya ni sé su dirección actual ni su teléfono, pero la última vez que la vi le prometí que le mandaría un libro que le gusta mucho’. Yo vi que Juan tenía sus remordimientos, y me ofrecí a llevarle el libro, aunque hubiera pasado ya tanto tiempo. ‘Vale, me dijo Juan, voy a intentar cumplir mi promesa’. Quedamos y me dio el libro para su amiga con el nombre escrito pegado con un post-it; yo siempre cuidadoso, para no estropear el libro lo metí dentro de un gran sobre y me fui hacia Albacete.

Al llegar allí paré el coche en una calle en la que por fin encontré aparcamiento, salí y a la primera mujer que vi le entregué el sobre diciéndole: ‘Toma el libro que te envía tu amigo Juan de Zaragoza’. Y aquella persona encontrada al azar me contestó: ‘¡Qué bien que Juan se haya acordado! ¡Hacía años que lo esperaba!’